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Jean Carlos Centeno – Orlando 12.01.2019
mayo 10, 2018

Alzate - Malburry Hall, England 22.02.2019

 
 
El artista más importante del género popular en la actualidad, y que se ubica en el centro de un recambio generacional, ha superado incontables dificultades para cumplir su sueño. Esta es su historia.

A las 3 de la mañana Jorge Andrés Alzate terminó su largo turno lavando los pisos en un burdel de Los Ángeles. Tenía que encontrar rápidamente un lugar para dormir, un callejón para reposar antes de tomar camino hacia su segundo trabajo, en una obra de construcción. Escogió un callejón que no era gratis a pesar de ser a la intemperie . Debía pagar un par de dólares a quien controlaba la zona. Como inmigrante ilegal en los Estados Unidos aprendió que casi nada es gratis. Antes de adormecerse le dedicó algunos minutos a una composición. A pesar de las difíciles condiciones, pocos días dejó de tomar papel y lápiz para escribir una canción. No podía saber que, quince años después, algunas de sus composiciones se convertirían en las canciones más exitosas de Colombia. Maldita traición y Me voy son las canciones que más regalías han conseguido en los dos últimos años, ambas composiciones de este artista que por luchar por sus sueños se quedó sin nada dos veces en su vida. La obsesión por la música Sus padres fomentaron su amor por la música. En su humilde hogar nunca faltó el pan en su boca ni la de sus dos hermanos menores. Sus padres eran misioneros cristianos y por esto vivieron siempre en barrios humildes de su natal Medellín. Se mudaron más de 21 veces en los 19 años que Jorge Andrés vivió con su familia. La familia decidió que, a sus 8 años, Jorge Andrés entrara a cursos de piano para evitar que se relacionara con el difícil ambiente de los alrededores y para que tuviera una compañía constante pues debía cambiar de amigos muy seguido. Al comienzo la música no parecía lo suyo, pero poco a poco, cuando se dio cuenta de su gran habilidad se refugió en el piano. Podía pasar horas y horas componiendo al frente de su organeta e incluso recuerda que vivió uno de los momentos más difíciles de su infancia cuando se le quemó por causa de un bajón de energía.

„Del calvario al éxito”

Letras de los callejones En Los Ángeles tenía algunos amigos pero era duro sentir que los incomodaba en sus espacios ya estrechos. Prefirió buscar su propio rumbo y rebuscarse la vida en la calle. Empezó a desempeñar distintos trabajos que les ofrecen a los inmigrantes ilegales… trapear prostíbulos en las noches… trabajar en la construcción en las mañanas. Así duró casi dos años, buscando sitios para dormir en los callejones y comida en la basura de los restaurantes que, según él, seguía empacada y desechaban a pesar de que estaba lista para consumir. Sumido en la tristeza, lo único que quería era recoger el dinero suficiente para regresar a Colombia. Pero un peruano que le ofrecía posada en su caravana por 3 dólares la noche, lo invitó a no desistir, a seguir luchando a pesar de las hostilidades de esa vida.

Fue una de las etapas más complicadas de su vida pero también una de las más productivas. “La soledad te concentra y explota las mejores cualidades. Cuando el hombre está en situaciones difíciles saca lo mejor de él para sobrevivir. Yo podía terminar una canción en una sola noche. Estaba con la mechita de la composición pura”, asegura. Sintió que la ola empezó a cambiar cuando pudo comprar un automóvil con ayuda de su amigo peruano. “Era un Toyota Tercel del año 1974. “Echaba más humo que mi abuelita antes de morirse”, recuerda Jorge Andrés. Con su viejo Tercel ya podía hacer trabajos de construcción más lejos y poco a poco su vida fue mejorando. Fue ahorrando y con ese dinero terminó los cursos de aviación que había iniciado en Colombia.

 
Todo por un sueño Sus intentos fueron infructuosos.
 

Junto con su hermano Juan Felipe, que fue su compañero de lucha en la música, tocó puertas en emisoras, disqueras y con productores, pero por más de cinco años no logró hacer despegar ninguna canción. Claro, nunca se atrevió a pagar la llamada ‘payola’, prefirió fallar antes que darle dinero a alguien para que lo ayudará a “pegar en la radio” En una emisora importante de Bogotá, con la que ya había arreglado todo para tener una reunión y presentar sus canciones, Alzate sintió su última oportunidad. Pero no le permitieron el ingreso y sin dinero suficiente para un almuerzo tomó la decisión de que era hora de regresar a los Estados Unidos e intentar recuperar la vida que había dejado ir por esos cinco años de esfuerzo en vano Su hogar estaba en crisis, había gastado los ahorros y tuvo que declararse en bancarrota. Perdió la casa y los negocios que tenía en Estados Unidos y quería intentar recomponer el camino. “Para todos era fracasado. Después de haberlo tenido todo lo único que me quedaba era la vergüenza de haberlo dejado todo por un sueño”, confiesa. Antes de retornar a California, regresó a Medellín con su hermano y este le pidió que grabara una última canción. Le cantó varias de sus muchas composiciones y cuando coreó Maldita traición, Juan Felipe le dijo que esa era, con la que podía jugarse el todo por el todo.

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